miércoles, 4 de mayo de 2011

Capitulo 14


Pasaron un par de días, Sandra ingreso en prisión nada más llegar a Madrid y Gonzalo y Diego volvieron en seguida a España. Gonzalo se instalo en su antiguo piso junto a sus hijas, estaba hecho polvo, no se perdonaba el no haber hecho nada para impedir que se la llevarán pero se hacia el fuerte. Cada vez que Olimpia lloraba recordaba su primer llanto, tan amargo que consiguió que todos la acompañaran con sus lágrimas. Aquellas malditas sirenas eran las causantes de tantas desgracias. Paula y Lena le ayudaban en todo y se apoyaban mutuamente. Gonzalo iba todos los días a ver Sandra pero todos se volvía sin poder verla, había contratado al mejor de los abogados y este hacia numerosos tramites para conseguir que le permitieran una visita aunque ya le había advertido que eso le llevaría tiempo.
Al cabo de unas semanas sonó el teléfono, Gonzalo corrió a cogerlo, era su abogado, por fin le dejarían pasar unos minutos junto a ella. Se visitó corriendo y dejo al cuidado de Olimpia a Lena. Estaba nervioso, muy nervioso, no sabía el estado en el que se encontraría su mujer.
Verónica: pija…come algo, que como sigas así si no es de pena te mueres de hambre
Rosa: déjala, que si no quiere comer que no coma (coge el pan de la bandeja de Sandra y se lo mete en la boca)
Marina: que bien te viene a ti… anda que te cortas un pelo
Verónica: No hables de cortar que la Rosita oye cuchillo y te corta el pescuezo ¿no te has enterado ya de por que esta aquí?
Marina: es un secreto a voces, mató al marido y a los hijos y se quedo tan pancha
Rosa: a más de una me voy a cargar yo como sigáis hablando de mi vida privada
Verónica: aquí en el talego no hay privacidad que valga
Rosa: ¿y la pija? ¿Por qué está aquí?
Marina: es un misterio, no ha abierto la boca en toda la semana y ya se ha llevado una pelea
Rosa: pues la tuerta me dijo que lo sabía
Verónica: no te juntes tú mucho con la tuerta que mira lo que le paso al esquirol de la Angustias por pegarse tanto a sus faldas
Sandra: ¿Qué la hizo?
Marina: ¡aleluya! por fin te oímos, ya creíamos que eras muda
Verónica: si señor… mucho nos ha costado sacarte algo de la lengua.
La tuerta se acerca a Sandra y la tira del pelo
Verónica: eh tu quietecita con la nueva que es de las nuestras
Rosa: ves… si estando con la Verónica no te va a pasar na, cuéntanos
Sandra: ¿Qué la hizo a Angustias?
Verónica: la manoseo un ratico en el patio y como la tonta se negó la quemaron mientras dormía, directita al hospital que se fue
Sandra: (llora)
Rosa: aquí las lágrimas te sirven de poco que a la gente débil pronto la cazan
Sandra: yo no soy débil (soy invencible… recordó)
Marina: está asustada, como todas ¿o es que no te acuerdas como estabas tú cuando llegaste? Si no te pilla la Begoña un plato menos habría en la mesa
Verónica: siete veces se ha intentado suicidar y siete veces la han pillado
Rosa: las cabronas de las vigilantes cuatro ojos como mínimo me tienen
Begoña: Sandra… tienes visita, acompáñame
Marina: así que tu si que tienes a alguien ahí fuera…
Rosa: que calladito se lo tenía la jodia
Sandra siguió a Begoña hasta una sala. Begoña era una joven carcelaria de rasgos suaves, ella sabía su historia y a pesar de ello siempre intentaba ayudarla. Tenía buen corazón y era incapaz de ver sufrir a nadie. Begoña solía contar a Sandra que su novio venía a verla todos los días y lograba sacarle una sonrisa, la única del día
Begoña: sonríe, que me han dicho que ese tal Gonzalo del que tanto me hablan ha vuelto a pasarse por aquí y esta vez su abogado ha conseguido que le dejen pasar
Sandra: (sonríe) ¿Cuándo?
Begoña: tú espera unos segundos que en menos que cante un gallo entrará por esa puerta
Gonzalo esperaba sentado a que su abogado volviera a por él para llevarlo con Sandra, estaba como loco por abrazarla y se moría de ganas de verla. Su abogado al fin llegó y lo dirigió a la misma sala en la que Sandra esperaba.
Nada más entrar corrió a sus brazos y se fundieron en un cálido abrazo
Gonzalo: ¿Cómo estás mi amor?
Sandra: bien…
Gonzalo: ¿Qué te ha pasado en la cara?
Sandra: no es nada… una pelea tonta, aquí saltan a la mínima, pero yo soy fuerte ¿lo recuerdas?
Begoña: os dejo a solas (sale)
Sandra: ¿Cómo están las niñas?
Gonzalo: bien… lo llevan bien, vamos aceptándolo poco a poco
Sandra: ¿y Olimpia?
Gonzalo: está preciosa (le entrega un foto) ¿verdad que si?
Sandra: (se emociona) mi pequeña…
Gonzalo. Te echa mucho de menos
Sandra: pero si no me conoce…
Gonzalo: ¿Cómo que no? Le habló de ti todos los días y le he puesto una foto nuestra en la cuna para que no se olvide de tu cara
Sandra: (sonríe) gracias… ¿da mucha guerra?
Gonzalo: es una llorona pero la coges un rato y se calma
Sandra: sabía que lo ibas a hacer muy bien
Se cogen de las manos
Gonzalo: ya verás como dentro de muy poco podrás cuidarla tu también. He contratado a un buen abogado y tenemos muchas esperanzas en tu caso
Sandra: ¿Qué dice?
Gonzalo: a mi nada, pero luego hablará contigo…
Sandra: (cierra los ojos) ojalá todo esto solo fuera una pesadilla
Gonzalo: (la besa) pasará
Sandra: te quiero
Gonzalo: y yo a ti
Sandra: ¿me esperaras?
Gonzalo: te esperare lo que haga falta, te lo prometo…
Sandra: aguantaré…
Gonzalo: Cuando salgas de aquí daremos un paseo agarrados de la mano y te llevaré a un pantano donde poder bañarnos desnudos
Sandra: y entonces… se pondrá a llover y nos besaremos bajo la lluvia ¿verdad?
Gonzalo: claro que si (la acaricia) ¿te duele?
Sandra: solo es un moratón…
Gonzalo: ¿Quién ha sido?
Sandra: la llaman la tuerta, no sé mucho de ella, solo que la paso algo muy fuerte y nunca volvió a ser la misma, pero tranquilo, tengo unas cuantas amigas que me ayudarán a estar lejos de ella
Gonzalo. (Sonríe) estás muy guapa…
Sandra. Y tú ciego (ríe)
Begoña: (entra) iros despidiendo por favor
Vuelven a abrazarse
Sandra: te quiero mucho, mucho, mucho
Gonzalo: (la besa) volveré
Sandra: dale un beso a las niñas y cuando le hables de mí a Olimpia dile que la quiero
Gonzalo: eso ya lo sabe
Sandra: (sonríe) adiós (llora)
Gonzalo: (le limpia las lágrimas) venga tigresa… que después de por todo lo que hemos pasado no puedes rendirte ahora… te quiero
Después de su amarga despedida Sandra volvió a su celda
Verónica: ¿Cómo te ha ido pija?
Marina: eso… cuenta quien es el afortunado
Sandra: era mi novio
Rosa. Que bonito…
Marina: ¿y que te ha contado?
Sandra: que me quiere
Verónica: se cansará de ti
Sandra: Gonzalo no es de esos
Rosa: asique se llama Gonzalo el pimpollo…
Marina: mi Charlie viene a verme todas las semanas
Verónica: antes eran todos los días
Marina: no puede venir todos los días… ahora trabaja
Verónica: excusas que te pone
Marina: ¡mentira!
Rosa: chicas calmaros…
Verónica: cuando yo entre aquí mi marido también me decía cosas bonitas y me prometía que no dejaría de venir a verme. Poco tiempo le falto para salir corriendo tras la secretaria… Ellos también se cansan de esperar, si lo hubiera sabido antes lo hubiera dejado nada más verle
Marina: tú ni caso a esta que es una resentida que mi Charlie viene todas las semanas y ni un solo día ha dejado de quererme
Sandra se queda pensativa ¿merece la pena arrastrar de nuevo al amor de su vida a su desgraciada existencia? Verónica era una experta en la prisión, llegó allí de joven y ya rondaba los treinta años, según había oído decir cometió varios robos en importantes bancos y participo en más de una revuelta. Si aquella mujer de pelo oscuro y ojos marrones le decía que no era bueno mantener una relación mientras estaba encerrada sería por algo. Pero Marina aseguraba lo contrario, su Charlie estaba tan enamorado de ella como el primer día y no se cansaba de verla de cuanto en cuanto. Rosita le contó que Charlie fue el culpable de que Marina acabará en la cárcel, la rubia de ojos tristes fue victima del amor, su novio la convenció para guardar inmensas cantidades de droga en su casa y uno de sus enemigos dio el chivatazo…Y Rosita no opinaba nada por que no sabe de amor, después de matar a su marido y a sus hijos dicen que se volvió loca pero nadie la creyó ni si quiera en eso, por eso estaba allí. Muchos apostaban que esa frágil mujer con corazón de metal había sido maltratada más de una vez por su marido y acabo cansándose ¿pero por que también mató a sus hijos? Ese era un misterio por resolver que nadie se había atrevido a preguntarle. Siempre que los tormentos vuelen a su cabeza Rosita se acaricia sus cortos cabellos, las que la conocen hace tiempo dicen que antes tenía el pelo muy largo y oscuro, como una princesa pero que en una noche de delirios se rasuro la cabeza con un cuchillo mientras lloraba gritando el nombre de sus hijos. Por suerte opinaban que ahora se encuentra mejor.
Y mientras Sandra reflexionaba sobre su futuro y sus nuevas amigas, Luis asistía la despedida de Sol en el grupo de terapia
Sara: Sol, todos nos alegramos mucho de que hayas sabido vencer a tus fantasmas interiores y hayas sabido afrontar la situación. Estamos muy alegres de verte con esa enorme sonrisa y te deseamos lo mejor, por eso hemos comprado entre todos algo para que nunca nos olvides (le entrega un regalo)
Sol: muchas gracias, no hacia falta (lo abre y ve un colgante) es precioso, de verás…
Sara: nos alegramos de que te guste (la abraza) mucha suerte
Todos los demás se van acerando poco a poco y la abrazan también. Cuando todos se han marchado, Luis se acerca a ella
Luis: ha llegado la hora, esta es nuestra última oportunidad
Sol: lo he superado, no pienso hacer nada de lo que me pidas
Luis: me han dicho que el pequeño Martin llora todas las noches por que aún espera que vuelva a su padre. Si el supiera que su querido papi ya tiene un nuevo muñeco con el que entretenerse
Sol: eso no es asunto mío
Luis: vamos Sol… los dos sabemos lo mucho que lo quieres y yo sé…como puedes volver a conseguirlo
Sol: el quiere a Sandra… no puedo cambiarlo
Luis: tu misma lo has dicho, el quiere a mi mujer y haría lo que fuera por sacarla de la cárcel…
Sol: ¿Qué insinúas?
Luis: ambos sabemos que tu padre es juez…
En ese mismo momento Sandra recibía una nueva visita
Héctor: hola, soy Héctor, tu abogado
Sandra: hola…
Héctor: antes de nada, debo hacerte un par de preguntas para encaminar la defensa
Sandra: dime
Héctor: me gustaría saber que hiciste con el cuerpo de Silvio
Sandra: ¿a que te refieres?
Héctor: ¿lo escondisteis en alguna parte? ¿Lo quemasteis?
Sandra: no entiendo… la última vez que lo vi, estaba tirado en el suelo
Héctor: ¿Cómo dice?
Sandra: pues eso, que después de el tiro, se quedo en el suelo y no se nada más
Héctor: ¿esta usted segura?
Sandra: completamente
Héctor: que raro... debe estar mal el informe, preguntaré después. Otra cosa… Gonzalo dice que Luis le ayudo a deshacerse de las pruebas y la encubrió
Sandra. Así es
Héctor: pediré que se le investigue y si es necesario que se le detenga a él también
Sandra: (sonríe) ¿puede hacer eso?
Héctor: necesitaré pruebas pero… claro… si consigo probar que estaba allí en el momento del accidente él es tan culpable como usted
Sandra: gracias por ayudarme Héctor
Héctor: dáselas a Gonzalo
Gonzalo… Gonzalo recibió una llamada de Sol y se dirigió en seguida a la dirección que le indicaba
Sol: gracias por venir…
Gonzalo: ¿Qué me quieres?
Sol: pensé que te gustaría pasar la tarde con tu hijo
Gonzalo: ¿me dejaras? ¿en serio?
Sol: claro… (Mira a Olimpia que la sostiene en los brazos) ¿Es tu hija?
Gonzalo: si
Sol: se parece a ti
Gonzalo: que va es clavadito a su madre
Sol: ¡Martin! ¡Martin cariño ven a ver quien ha venido a jugar contigo!
Martin: (corre hacia el salón) ¡papi!
Gonzalo: (lo abraza) pero que mayor estás
Martin: ¡hala! ¿Quién es? ¿es mi hermanita?
Gonzalo: si
Sol: no, es tu hermanastra
Martin: ¿y eso que es?
Gonzalo: no importa. ¿a que quieres que juguemos?
Martin: a la pelota
Gonzalo: ¿seguro? Mira que luego te enfadas si te meto más goles
Martin: ¡seguro! ¿Ella quiere jugar?
Gonzalo: no, Olimpia va a dormir un ratito
Sol: bonito nombre ¿lo has elegido tú?
Gonzalo: los dos
Martin: suena a olimpiada, mola
Gonzalo: (ríe) trae la pelota mientras yo acuesto a la niña
Sol: yo me encargo
Gonzalo: ¿si?
Sol: Confía en mi
Gonzalo: (besa a la niña) ahora dormir un ratito, ¿vale cariño?
Sol: (la coge de sus brazos) venga jugar que se pasa el tiempo
Sol lleva a la niña a su habitación y la observa fijamente mientras se duerme
Sol: ¡maldita niña!
Después se dirige de nuevo al salón y los escucha hablar
Martin: ¿Cómo está Lena?
Gonzalo: muy bien, quiere verte pronto
Martin: que guay ¿y tu novia? ¿ya esta buena?
Gonzalo: (ríe) si
Martin: es muy guapa
Gonzalo: lo sé
Sol: ¿Qué hacéis?
Gonzalo: (da una patada a la pelota) jugar…
Después de una intensa tarde, cenan todos juntos. Martin va a dormir y antes de marcharse Gonzalo habla con Sol
Sol: lo hemos pasado bien
Gonzalo: si (sonríe) muchas gracias por dejarme ver al niño
Sol: es tu hijo
Gonzalo: ¿como te va todo?
Sol: (le coge las manos) ¿Por qué no volvemos a intentarlo? No nos iba tan mal y ahora Sandra…
Gonzalo: ya sabes que no puede ser Sol…
Sol: pero…
Gonzalo: yo te quiero mucho pero como amiga (la besa en la mejilla) será mejor que me vaya (coge a Olimpia y se levanta)
Sol: se como sacar a Sandra de la cárcel…
Gonzalo: ¿Cómo?
Sol: he hablado con mi padre, esta dispuesto a ser su juez en el juicio
Gonzalo: (sonríe) eres demasiado buena (la abraza)
Sol: si permito que Sandra salga de la cárcel tú volverás conmigo y ella seguirá siendo la esposa de Luis… sino es así haré que se pudra entre rejas

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