miércoles, 4 de mayo de 2011
Capitulo 20
Gonzalo volvió de nuevo a la fiesta y la busco, pero para su sorpresa ella ya estaba demasiado ocupada enrollándose con ese tal David. Gonzalo da un ligero toque a Sandra, esta se da la vuelta y lo mira.
Gonzalo: tienes una forma muy peculiar de demostrarme que aún me quieres. Adiós Sandra, hasta siempre
Gonzalo camina hacia la puerta, Sandra lo sigue
Sandra: no tienes ningún derecho a decirme eso (corre hacia la puerta antes de que el llegue y se pone delante)
Gonzalo: ¿me vas a impedir que me vaya?
Sandra: si es necesario para que me escuches, si, lo haré
Gonzalo: (la retira y sale al exterior) vete….
Sandra: espera, por favor Gonzalo
Gonzalo: ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar
Sandra: (le empuja) ¿de que vas? Me dices que te demuestre que aun te sigo queriendo y te enrollas con Sol y ahora vas y me recriminas que yo haya hecho lo mismo
Gonzalo: lo de Sol solo fue un beso tonto…
Sandra: ah, claro… solo un beso tonto…
Gonzalo: es cierto, estoy bebido, se me fue la cabeza
Sandra: lo del Sol un beso tonto ¿y lo mío? ¿Qué te crees que fue lo mío? No me siento orgullosa pero lo único que he hecho esta noche con David ha sido utilizarle, me pegue a él para darte celos porque no soportaba verte con ella
Gonzalo: está bien, siento haberme puesto tan borde. Una vez aclarado todo, buenas noches
Sandra: así que has decidido que sigamos haciéndonos más daño… ¿a que estamos jugando Gonzalo? Ninguno de los dos queremos esto pero ninguno de los dos nos atrevemos a arreglarlo por que en el fondo somos unos cobardes y preferimos seguir callados a enfrentarnos. Yo ya he reconocido que me equivoque, y también sé que te quiero ¿tú? ¿Me quieres? Es muy simple…solo tienes que contestar y estar dispuesto a empezar de 0 ¿Aún me quieres o no? Esta en tus manos…
Gonzalo: Sandra…yo…
Sandra: es solo una pregunta, vamos mi tigre ¿Dónde está tu espíritu invencible?
Gonzalo: es que…
Sandra: (se acerca él y lo acaricia) te lo haré más fácil, si no estás dispuesto a seguir con esta cabeza loca que un día se equivoco, lo entenderé. No digas nada y márchate, así sabré que he perdido mi oportunidad de ser feliz, pero si por el contrario a pesar del daño que te he hecho aún sientes algo por mi, bésame, bésame en los labios como solo tu sabes hacer y calma mi miedo de perderte. Decide ¿cuál es tu opción?
Gonzalo: me has hecho daño Sandra de la Vega, mucho daño…
Sandra: (una lágrima fluye por su mejilla y baja la mirada) ya…
Gonzalo: (la limpia las lágrimas) si pienso con la cabeza…. Me muero de ganas por dejarte aquí, sola… con esa cara…con la misma cara que se me quedo a mi cuando me cerrarse la puerta sin dejarme decir adiós
Sandra: comprendo
Gonzalo: no obstante, yo tampoco debí dejarte sola
Sandra: comprendí que no podías saber que Luis aparecería por allí
Gonzalo: por eso… si pienso con el corazón… (Se acerca a ella despacio, su respiración se acelera, cada vez esta más cerca, mira sus labios, mira como lentamente se funden con los suyos en un cálido beso) no puedo dejar de amarte…
Ambos se abrazan y sonríen, el destino ha querido volver a unirnos y no están dispuestos a volver a perder una oportunidad
A pesar de haber aceptado seguir con ella, Gonzalo le pidió tiempo, tiempo para organizar su vida, decidió que debían ir despacio, sin saltarse ninguno de los pasos, para evitar volver a equivocarse. A Sandra no le hizo mucha gracia que siguiera viviendo con Sol pero acepto su decisión con tal de no perderlo. Durante todo ese tiempo en libertad, Sandra ayudo a Marina a que saliera de la cárcel, le pago un abogado y a pesar de lo difícil que se planteaba el caso en un principio Héctor consiguió que le dieran ala libertad condicional. Sandra iba a buscarla cuando alguien le agarro del brazo y la llevo hasta un callejón.
Hombre: no me busques, no quieras saber nada de mi
Sandra: así que es verdad… estás vivo… por eso nunca encontraron tu cadáver
Hombre: déjame en paz
Sandra: ¿por que lo hiciste? Silvio… necesito una explicación
Silvio: shh… no digas mi nombre
Sandra: habla
Silvio: necesitaba la pasta… Luis me ofreció mucho dinero por ese trabajo, no debí aceptarlo, peor necesitaba la pasta…
Sandra: ¿Por qué tenía tanto interés en mi?
Silvio: ni idea, estaba obsesionado contigo, decía que tu eras diferente, a veces te seguía y te observaba… no estaba bien… lo comprendí cuando me empujo en el barranco
Sandra: ¿Por qué lo de la otra noche? ¿Por qué te enfrentaste a él?
Silvio: yo le entregue las cintas a Héctor, en cuanto me recupere de la caída investigue y conseguí las cintas. Estaba en deuda contigo asique te busque para dártelas y de ese modo que te pudieras librar de él, peor no te encontré… cuando vi tu imagen en las noticias fui en busca de tu abogado y el resto ya lo sabes. Sabía que Luis iría a por ti esa noche, le habías arruinado la vida y lo iba a pagar contigo… no podía permitir que eso pasará. Me sentía mal, estaba en deuda contigo…
Sandra: ¿eso es todo?
Silvio: claro que eso es todo… Yo no soy mal tipo Sandra
Sandra: ¡me hiciste creer que estabas muerto! Que te había matado… no pude dormir tranquila en meses, años… aún tengo pesadillas y eso que ahora se que nada fue real
Silvio: baja la voz
Sandra: ¿Por qué tanto secretismo?
Silvio: desde que entre en tu casa y te salve el pescuezo siento que me persiguen, por eso me mude, por eso no me encontraste…
Sandra: eso es absurdo Luis está en la cárcel
Silvio: tu marido tiene muchos contactos
Sandra: no es mi marido
Silvio: pues lo que sea, pero no lo conoces bien, es más peligroso de lo que piensas. Ve con cuidado, si a mi me persiguen no me extrañaría que a ti también. Sandra… no me buques más, por favor te lo ruego, si lo haces me pondrás en peligro. Y por favor… (Le dice algo al oído y después sale corriendo)
Sandra no lo comprende muy bien pero no pregunta, camina hacia la prisión y espera a su amiga, Marina Sale y se abrazan, esta no deja de darle las gracias por todo lo que ha hecho sin evitar sentirse culpable por la puñalada que la dio
Marina: gracias…
Sandra: pasa algo
Marina: no me lo merezco
Sandra: ese no era tu lugar. No te preocupes por nada, te quedaras en mi casa hasta que encuentres un lugar mejor
Marina: Sandra… tengo que contarte algo
Sandra: no es necesario
Marina: si lo es… he sido una cobarde al no decírtelo antes, peor tenía miedo de que dejarás de ayudarme, nadie me había ayudado antes, ni si quiera mi hermana, y el Charlie… debe haberse cansado de mi por que hace mese que no veo al Charlie.
Sandra: le buscaremos
Marina: yo… yo… te clave el cuchillo (baja la mirada) no tengo perdón
Sandra: (la sube la cabeza) ya lo sabia…
Marina: ¿Qué?
Sandra: que no estaba dormida… oí toda vuestra conversación… quizás no creí que fueras capaz, esperaba que me lo contarás antes… pero no te culpo, te sometieron a presión, además no me hizo ningún mal, pude a ver a mi familia (sonríe) cuando salí de la cárcel quise olvidar desde cero y eso hago, me duele que lo hicieras no te lo voy a negar pero es pasado… y para mi el pasado ya no existe (la abraza)
A pesar de que Sandra la hubiera perdonado, el trayecto a casa fue silencioso, hasta que llegaron allí y su silencio contrasto con las risas de una mujer. Entraron al salón, Sol y Gonzalo reían
Sandra: ¿Qué hace aquí?
Sol: he traído a Martin, quería ver a Olimpia
Sandra: ¿seguro que solo has venido a eso?
Su insinuación molesto a Gonzalo que ya estaba cansado de explicar que solo era amigos, cansado de los celos de Sandra, lo cierto es que ni Sol aguantaba a Sandra ni esta a la otra
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