miércoles, 4 de mayo de 2011

Capitulo 6


Gonzalo: (se separa) perdón
Sandra: si… yo también lo siento
Se sonríen sin saber bien que decir y se alejan
Sandra: tu novia… ¿Qué tal?
Gonzalo: (ríe pero no contesta) Sandra… ¿de verdad quieres a Luis?
Sandra: (también se niega a contestar y cambia de tema) ¿estás nervioso?
Gonzalo: vale… me calló
Sandra: (se acerca a él y le coge las manos) nunca voy a olvidar lo que vas a hacer por Lena… Y yo que creía que eras un cobarde…
Gonzalo: y lo soy… pero el tiempo me ha enseñado que el miedo no te lleva a ningún sitio. Años atrás me propuse ser valiente si te tenía a mi lado… ahora que te he perdido, no tengo fuerza ni valor para romper mi promesa, únicamente esperanza… y tus labios me han dado la respuesta que andaba buscando…
Sandra: vale… si. Quiero a Luis
Gonzalo: (sonríe) no te creo… lo has vuelto a hacer… no eres capaz de mirarme a los ojos y decirlo ¿verdad? No puedes por que no lo sientes…
Sandra: no puedo por que no quiero hacerte daño…
Gonzalo: estoy curado de todo dolor, tigresa…
Sandra: Luis puede venir de un momento a otro
Gonzalo: tranquilízate, no voy a hacer nada que tú no quieras. Tigresa…
Sandra: ¡basta! No he sido yo quien ha parado ese beso
Gonzalo: no quería hacerte sentir mal… no quería que luego me echaras a la cara que bese a mujer casada
Sandra: ¡calla! ¡Calla de una vez! si hubieras seguido tal vez ahora no tendrías que hacerme esa pregunta... (lo besa) no me arrepiento… pero no puede ser (llora)
Gonzalo: (la abraza) lo siento…
La escasa luz proveniente del sol anunciaba la venida de la noche. A Lena y a Gonzalo les aconsejaron dormirse temprano pero ni el uno ni el otro lo conseguía. Sandra era la encargada de apaciguar sus nervios y cuidar sus caras de espanto aquella noche. Desde un incomodo sofá observaba como se volteaban de un lado a otro sus cuerpos. Concentro su visión en Gonzalo. Ojalá todo fuera tan sencillo… se dijo a sí misma y sumergiendo a su corazón en pensamientos imposibles para su cabeza, continuó mirándole y dando rienda suelta a su imaginación. Cogió un papel y sobre la blanca superficie escribió
Esta vez fue ella quien se apresuro a besarlo, no quería que él tiempo le robara ese momento como lo hizo con otros muchos, por lo que olvido la existencia de un reloj que medía las horas, olvidó el miedo y sin su miedo se derribaron los barrotes de su jaula, era libre… La leona enjaulada había sacado sus garras para romper él hielo de la cárcel de cristal, todos esos años encerrada bajo la imagen del “mira pero calla” le habían dado el valor necesario para lanzarse a los brazos de su amado. Ya no necesitaba cerrar los ojos y sentir la brisa sobre su rostro ni el olor marino penetrar por los poros de su piel, los tiempos de lamentaciones habían acabado. Ahora sí, después de la tormenta de remordimientos había conseguido sentir la libertad más allá de la imagen de un pájaro. Toco su torso caliente acusado por la edad, rozo sus labios con la yema de sus dedos y busco el amor en sus anhelos sedienta del perfume de la vida. La dulzura de su piel oculta bajo las marcas del tiempo le desvelaba que él reloj seguía su curso y las agujas volvían a marearse dentro de la esfera de cristal, era hora de abrir los ojos. Y con los abiertos despierta de un sueño en vida recordó que sus tormentos le impidieron vivir corriendo con alas y a la deriva, y tras un triste lo siento, no puedo, vio alejarse poco a poco, con los ojos muy llorosos su recuerdo. Mary Kate aún con la vista nublada cogió un lapicero y con la ayuda de sus manos y sus dedos escribió sus sentimientos
Te tengo, te abrazo
Te cuido, te beso
Te tengo tan cerca
Te siento tan lejos
Mirada de hielo
Escarcha en los dedos
Tus labios tan fríos
Tu oscuro deseo
Te echo de menos…
Y así escribiendo en un papel los sentimientos de su personaje descubrió que fuera de todas esas ataduras se encontraba un misma Mary Kate en su interior que sufría lo mismo que ella por un amor del pasado, y en sus versos descubrió la clave de todas sus lágrimas, el dolor y la tristeza de la distancia, y no hablaba de una distancia de miles de km sino de una distancia de corazón que en todo su apogeo de humillación estaba luchando por reencontrarse. Gonzalo la saco de sus pensamientos
Gonzalo: ¿Qué haces?
Sandra: ¿soy escritora no? Cualquier momento es bueno para redactar mis aventuras
Gonzalo: ¿me dejas verlo?
Sandra: ¿yo? ¿Ahora? No… que vergüenza
Gonzalo: los escritores no tienen por que avergonzarse de su talento. Yo también pienso que vales mucho…
Sandra: (sonríe) ni si quiera le he dado un primer repaso
Gonzalo: Aun pienso en ti me ayudo aislarme en muchas ocasiones. Déjame leerlo aunque solo sea para olvidarme de que estoy a punto de entrar a un quirófano
Sandra: no puedo de verdad… otro día… pero si quieres podemos hablar
Gonzalo: ven… túmbate conmigo
Sandra se tumba a su lado y ambos se miran embobados
Gonzalo: ¿Por qué Elena?
Sandra: brillante como el sol… como lo fue nuestro amor un día y como se llamaba mi primer libro, ese es el significado de Elena, aunque cuando era pequeña ella siempre lo pronunciaba como Lena y al final todos la acabamos llamando así
Gonzalo: (ríe) cuéntame sus primeros años de vida, todo lo que me he perdido
Sandra: era una llorona, nunca me dejaba dormir una noche del tirón, Paula me ayudaba mucho con ella. A los 3 años enfermo, a los 6 la lleve a su programa favorito para celebrar su cumpleaños y la sacaron en directo, a los 8 decía que quería ser modelo, luego con 12 policía. El peor momento de su vida fue una navidad que tuvimos que ingresarla, el mejor… unas vacaciones en una casa rural que alquilamos Paula y yo, solo chicas. Bailamos, cantamos, me ayudaron a terminar un libro, montamos a caballo, nos bañamos en el lago… se echo a su primer novio, Yago… No le gustan las lentejas y termina con un plato de pasta en menos de un minuto. Su color preferido es el rosa y cuando algo no le gusta arquea la ceja. Es intuitiva, con carácter y valiente pero muy sensible y de corazón noble y además cuando está de buen humor es muy graciosa
Gonzalo: parece que ha sacado lo mejor de ti y lo mejor de mí
Sandra: tienes razón… también ha sacado algo de ti, sus profesores siempre me decían que era muy despistada y algo vaga
Gonzalo: já já já muy graciosa…
Sandra: ¡oye! No me digas que en Bulevar no te tocabas un poquito las narices…
Gonzalo: me lo podía permitir, pero ahora soy muy eficiente. Me gusta ser policía y ayudar a la gente
Sandra: mira eso también lo ha sacado de ti
Gonzalo: ¿y tu que? ¿También prefieres los libros a la revista?
Sandra.: se echa de menos, pero ahora esta en buenas manos
Gonzalo: oí que Caye se hizo con el poder
Sandra: si… mi hermanita tiene talento, Paula ahora que se ha independizado ha empezado a trabajar con ella, la gusta…
Gonzalo: ¿y lo demás como sigue?
Sandra: pues como siempre, allí nunca cambia nada
Gonzalo: ¿te acuerdas de nuestros escarceos románticos en el baño?
Sandra: (ríe) y el hotel… ¿Qué me dices del hotel?
Gonzalo: ¿te acuerdas cuando nos pillo Diego? Luego me enteré de que “Sonsoles había muerto” que mal lo pase…
Sandra: tenías una carita… me dabas una pena
Gonzalo: (sonríe) que buenos tiempos
Se quedan mirándose fijamente y se besan una vez más
Gonzalo: ¿estás segura?
Sandra: vamos al baño…
Siguieron besándose y acariciándose hasta llegar al baño y cuando estaban allí se desató su pasión y volvieron a unir sus cuerpo como hace mucho, mucho tiempo que no lo hacían.
Alegres salieron de allí cuando su sonrisa se truncó con la cara enfadada de Luis
Sandra: ¿que haces aquí?
Luis: un colega me ayudo a colarme ¿y tú? ¿Qué hacías tú?
Sandra: eh… le ayudaba a abrocharse el camisón
Luis: y yo me chupo el dedo. Mejor vuelvo mañana
Lo dijo con un tono tan seco y profundo que hasta el mismo Gonzalo se asustó y la tristeza y la amargura volvieron al rostro de Sandra.
A la mañana siguiente muy temprano fueron a recoger a Lena y a Gonzalo
Sandra: todo va a salir bien cariño, no te preocupes vale, todo irá bien
Lena: (abraza a su madre con los ojos húmedos) te quiero mami
Sandra: (mira a Gonzalo) tranquilo sin un riñón se vive bien
Gonzalo: cuando quieras me das uno y pruebas
Lena: no bromeéis con eso por favor…
Gonzalo: Sandra… no me arrepiento de nada
Sandra: yo tampoco
Gonzalo: pues entonces regálame una de tus sonrisas que tus libros y tu son lo único que me hacen olvidarme de todo (coge la mano a Sandra
Sandra: (sonríe) os quiero familia
Lena: gracias por todo agente de la ley
Luis: (entra por la puerta con semblante serio) suerte Lena
Sandra: (suelta la mano a Gonzalo) que sorpresa verte por aquí cariño…

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