miércoles, 4 de mayo de 2011

Capitulo 9


Pasaron un par de días, Lena ya estaba mejor, parece que se había recuperado perfectamente, lo cierto es que el riñón de su padre era bastante compatible, todo indicaba que pronto la darían el alta, Gonzalo en cambio ya no tenia que esperar más, pues ese mismo día terminaba su estancia allí aunque se quedaría igualmente cuidando de su hija. Sandra apenas hablaba con Luis, pasaba la mayor parte del tiempo en el hospital y cuando iba a casa siempre huía de él, cada vez se le hacia más difícil disimular sus nauseas matutinas o sus pequeños antojos y tenía miedo que en un descuido Luis se enterara de todo. Sandra estaba muy nerviosa, confiaba en Gonzalo pero no podía evitar sentir un mal presentimiento. Luis había decidido no decir nada, se hacia el tonto y se comportaba de forma distante, dejando a su mujer andar de un lado para otro sin molestarse pero lo cierto es que todo formaba parte de su plan de venganza.
Gonzalo: ¿Qué haces aquí tan pronto? ¿No quedamos que vendrías después de comer?
Sandra: no aguantaba más allí con Luis mirándome con cara de búho, pendiente de todos mis movimientos. Desde hace unos días a penas me habla pero me observa, no para de mirarme ¿y si sabe algo? Yo creo que sospecha y si se entera… Luis es capaz de hacer cualquier cosa para impedírnoslo
Gonzalo: tranquilízate… si no es por mi hazlo por nuestro pequeño, no creo que te sienten bien tantos nervios (pone su mano sobre su vientre) todo va a salir bien, ya lo veras
Sandra: algo me dice que…
Gonzalo: va a salir bien, repite conmigo: todo va a salir bien
Sandra: todo va a salir bien (sonríe) o eso espero…
Gonzalo: (la besa) tienes algo ahí (señala sus mejillas) chocolate… (La besa en la mejilla) ya está
Sandra: acabo de desayunar dos donuts con chocolate y un bocata de bacón y queso, por culpa de tu hijo en unos meses voy a parecer una foca y ni su padre va a aguantar mi mal humor
Gonzalo: que tontitas estás. A ver si te enteras ya que yo te quiero de todas formas
Sandra. ¿Aunque pese dos toneladas?
Gonzalo: (ríe) exagerada… te querría aunque fueras la personificación del mounstro de las galletas y me gritaras todo el tiempo y me dejaras sordo y…
Sandra: para… (Ríe también)
Gonzalo: fueras como fueras… creo que me sería imposible no enamorarme de ti
Sandra. (Sonríe) te quiero…
Gonzalo: y yo a ti…
Sandra: (saca algo del bolso) toma
Gonzalo: ¿Qué es?
Sandra: ábrelo
Gonzalo: ¿un libro? (lee) Gonzalo. Sandra de la Vega (Susan Laurence)
Sandra: es el primer ejemplar de mi nuevo libro. Creí que te gustaría leerlo
Gonzalo: ¿Gonzalo? Suena bien (sonríe)
Sandra: si bueno… trata sobre una mujer que vuelve a encontrarse con el amor de su vida y no esta dispuesta a perderlo de nuevo, el es un hombre muy optimista que le hace volver a encontrarse consigo misma, por que hasta entonces ella había estado muy perdida y había cambiado mucho su manera de actuar. Bueno… hasta creo que en un momento incluso ella le pide disculpas y el le dice que
Gonzalo: no tienes nada de lo que disculparte…
Sandra: si eso… y que todo va a salir bien. Planean fugarse y formar una familia pero no lo tienen demasiado fácil por que ella ahora es una mujer casada… y además con un hombre muy peligroso al que no le gurda el mínimo aprecio.
Gonzalo: pero él no tiene miedo…
Sandra: si… lo sé, el solo piensa en ella y en sus hijos… Esa gran persona se llama Gonzalo…
Gonzalo: (sonríe) seguro que tiene mucho éxito. Es una historia compleja pero con final feliz
Sandra: no he dicho que tenga un final feliz
Gonzalo: pero prefiero pensar que es así, Me gustan las historias de amor que acaban bien
Sandra: ¿crees que nosotros también podremos tener un final feliz?
Gonzalo: muy pronto lo verás… tu no te preocupes por nada. Solo hay que esperar
Sandra: y salir corriendo…
Pasaron un par de días más, el médico anuncio a Sandra que a la mañana siguiente si todo seguía como hasta entonces le darían el alta a su hija. Todos se sintieron muy felices al escucharlo y supieron que era hora de marchar. Sandra compro tres billetes a Malasia, no es que pensará quedarse allí para siempre pero al menos un par de días, para despistar… Gonzalo los guardo y entre los dos solucionaron los contratiempos de última hora. A la noche Sandra volvió a casa, no quería que Luis sospechara y además debía coger algo más de ropa para su hija y algún que otro recuerdo de su infancia.
Entro sin hacer ruido y guardo en una mochila unas cuantas prendas, después lo escondió en un armario y fue hacia la habitación. Se sorprendió al ver a Luis llorando y con cierto miedo le pregunto que es lo que le pasaba, él se acerco a ella y tratando de intimidarla la miro a los ojos profundamente
Luis: ¿Malasia? Allí debía ser nuestra luna de miel si tú no te hubieras empeñado en no celebrarla. Tuve que devolver los billetes y perdí el dinero de la habitación del hotelillo que había alquilado para los dos, las flores que encargue que pusieran sobre las sabanas se marchitaron y tu pastel preferido tuvieron que comérselo los empleados. Y ahora tu te vas con ese miserable… y ni si quiera tienes el valor de contármelo
Sandra: lo siento… pero lo quiero
Luis: ¡déjate de tonterías! ¡Dime! ¿Qué tiene el que no tenga yo?(en actitud agresiva le empuja hacia la cama)
Sandra: no me hagas daño por favor…
Luis: ¡eres una puta barata! ¡Dime! ¿Por qué el y no yo? ¿Es por que el te ha podido dar hijos y yo no? ¡Yo también podría haberte dado hijos si tú me hubieras dejado! (empieza a quitarle la ropa mientras ella se resiste)
Sandra: suéltame… me haces daño
Luis: no… no hasta que te haga el amor y mis genes se junten con los de ese canalla. Lo se todo Sandra… se que estás embarazada y no pienso permitir que ese niño nazca
Sandra: (llora) eres un mounstro…
Luis: (la besa para callarla y recorre su cuerpo desnudo con sus manos) se que en el fondo te gusta ¿dime putita? ¿Qué quieres que te hagas?
Sandra: déjame por favor… déjame irme, te daré lo que quieras
Luis: si te marchas todo el mundo sabrá lo que hiciste
Sandra: me da igual…
Luis: no seas estúpida (vuelve a besarla)
Sandra aprovecha su beso y le muerde la lengua por lo que consigue apartarse de él. Él la persigue y ella para evitarlo le golpea con un jarrón en la cabeza consiguiendo dejarle inconsciente.
Al salir de la casa no encuentra su coche, no sabe cómo pero seguro que ha sido cosa de Luis… está convencido. No obstante no se rinde, corre y corre hasta encontrar un taxi. Por fin uno se para delante de ella y esta le ruega aún con lágrimas en los ojos que le lleve al hospital.
Gonzalo ausente de todo acontecimiento, se dispone relajado a leer el libro que Sandra le regalo. Lee y lee durante un buen rato…
Con la misma monotonía escucha las gotas de lluvia caer sobre su ventana, le gusta ese sonido…es el mismo que aparecía en sus sueños, bajo ese sonido de truenos y relámpagos soñó la anterior noche que se besaba con él. Lo tenía tan cerca y a la vez tan lejos… Trataba de convencerse a sí misma de que todo saldría bien pero en el fondo lo que ella sentía era todo lo contrario, puede que consiguieran huir juntos, sí, pero eso no significaba una victoria, su marido no se rendiría tan fácilmente… él tenía poder sobre ella, él sabía cómo destrozarla… si se proponía atacarla la derrotaría, solo él sabía su secreto y si lo hacía público le arruinaría la vida…

Sandra entró en la habitación sofocada y se abrazo a él llorando
Gonzalo: ¿Qué ha pasado?
Sandra: tenemos que irnos, lo sabe todo…
Gonzalo: saldremos de aquí mañana a primera hora
Sandra: no, tiene que ser ahora, ahora o nunca, tú decides…
Gonzalo: eso no es lo que teníamos planeado
Sandra: cambiaremos los billetes, huiremos juntos, vámonos ya…
Gonzalo: ¿Qué ha pasado? (la acaricia tiernamente)
Sandra: no importa… lo importante es huir, tenemos que huir…
Aunque no tuvieran aún el alta de su hija, esta insistió en irse con ellos. Salieron a la calle, esquivaron a todos los médicos y lograron llegar hasta el coche sin ser vistos. Fueron hacia el aeropuerto y allí por fin respiraron con tranquilidad. Después de discutir con azafata consiguieron cambiar sus billetes.
Sandra: necesito ir al baño
Gonzalo: ves… yo me ocupo del resto.
Sandra entro al baño y no volvió. Gonzalo al ver que no salía, desesperado entro en la cabina Una mujer le regaño pro colarse en el baño de las mujeres y le llamo pervertido, Gonzalo se disculpo y le suplico que le dijera si había visto a su mujer. La mujer le dijo que había salido con un hombre y que por eso se había enfadado tanto porque ya era el segundo. Gonzalo no quiso seguir escuchando sus explicaciones y le pregunto en qué baño había entrado, ella le señalo el primero. Gonzalo abrió la puerta y encontró algo escrito en un papel que había pegado. Salió de allí y se encontró con Lena
Gonzalo: ¿los has visto?
Lena: ¿a quién? ¿Qué pasa?
Gonzalo: (lee el papel) la antigua cafetería… (pregunta a un hombre) perdona… ¿la antigua cafetería? Por favor es importante
Lena: ¿pero que ha pasado?
Gonzalo: Luis se ha llevado a tu madre
Lena: ¿Qué?
Gonzalo: señora por favor… ¿sabe dónde está la vieja cafetería?
Lena: yo sí... creo que la he visto antes… vamos…
Gonzalo: no, tú no. Dime como ir hasta allí
Lena: déjame ir contigo
Gonzalo: hazme caso por favor, quédate aquí. Te prometo que no nos va a pasar nada (la abraza) esto es cosa mía
Lena: está bien…
Lena le da las indicaciones para llegar al lugar. Entra dentro. Luis atormenta a Sandra
Gonzalo: ¡déjala en paz!
Luis: te estábamos esperando Gonzalo…dime… tú que eres policía ¿Cómo se vive en la cárcel? Sandra y yo lo estábamos discutiendo en este momento, di ¿Tú crees que Sandra podría acostumbrarse?
Gonzalo: déjala en paz cabrón
Luis: ¿es verdad eso de que las presas más débiles son objeto de todas las burlas?
Gonzalo: déjate de chorradas y compórtate como un hombre, dejará marchar y asume que nos queremos
Luis: está bien… la dejaré ir… por ahora… pero tú te quedas, tenemos que hablar sobre cierto asuntos
Sandra: no… no lo hagas
Luis: ya no eres tan valiente…
Sandra: no me moveré de aquí
Luis: (saca una pistola y la apunta) ya veremos
Sandra: no lo harás
Luis: (apunta a Gonzalo) ¿y ahora?
Sandra: vale…me voy, me voy (corre hacia Gonzalo, lo abraza y le susurra al oído) pase lo que pase, oigas lo que oigas, recuerda que te quiero
Gonzalo: todo va a salir bien (sonríe)
Sandra: (niega con la cabeza incrédula) lo siento…
Luis: ¡basta de ñoñerías! ¡Fuera!
Echa a Sandra y se quedan a solas
Gonzalo: ¿vas a matarme?
Luis: ya te gustaría… te voy a contar algo que te va a doler más que cualquier tiro
Gonzalo: ¿y para eso tienes que recurrir a una pistola?
Luis: no te precipites, solo es una parte de mi explicación. ¿Ves esta arma? Solo ha sido utilizado una vez, con está dos ¿y sabes que paso la última vez que alguien la uso?
Gonzalo: ¿Qué?
Luis: que mato a un hombre
Gonzalo: no sé porque le cuentas esto a un policía
Luis: por justicia… esta pistola no es mía
Gonzalo: ¿ah no? ¿De quién? ¿De cuantos más como tú?
Luis: de esa a la que tanto proteges. ¿Recuerdas el caso de Silvio Rodríguez?
Gonzalo: nunca se supo que paso
Luis: yo te lo contaré. Silvio no era ningún Santo, traficaba con droga y estaba metido en más de un lío, siempre había sido una mala pieza… pero ocurrió algo que le cambio. Ese algo era Sandra, aunque no lo creas, ella consumía de vez en cuando y Silvio era su camello de confianza, el muy estúpido se enamoro de ella… Yo por aquel entonces también era policía y andaba detrás de él. Yo y mis compañeros fuimos a buscarlo una tarde, debíamos llevarlo a declarar por un incidente que ocurrió en el lago. Me adelante al resto y lo vi, discutía con una mujer, él la agarro fuertemente y ella con cierta habilidad cogió su pistola y le voló la cabeza. Corrí hacía el lugar con la intención de comunicar lo sucedido y arrestarla pero la vi tan asustada que me dio hasta pena, me pidió ayuda y no fui capaz de negársela, recordé que la había conocido unos meses antes. Yo andaba preocupado buscando un informe en una cafetería, debía entregarlo esa noche y lo había perdido, ella se recorrió todos los rincones hasta dar con ello. Después hablamos durante horas y me deseo suerte. No pude evitar ayudarla…borre las pruebas del lugar del crimen y la lleve a mi casa, era mi tesoro. La propuse un trato, se casaría conmigo y yo no contaría que nada de lo que vi esa tarde. Sandra mató a ese hombre…
Gonzalo: no puede ser…
Luis: tengo pruebas y si no la dejas en paz haré que alguno de tus compañeros la detenga ¿o la traicionará usted seños agente? ¿No dice nada? Bueno… pues… te preguntaré yo algo ¿Cómo se vive en la cárcel? ¿Tú crees que Sandra podría acostumbrarse? ¿Sigues? Bien… dejaré que te lo pienses (sale y deja encerrado a Gonzalo en la habitación)

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