miércoles, 4 de mayo de 2011
Capitulo 25
Se fue a su casa y cuando llego el portero le aviso de que la lluvia había inundado su piso, le dijo que la había estado llamando toda la tarde pero que no contestaba al móvil, en ese momento se maldijo y como estaba cansada para arreglarlo todo decidió pasar la noche en casa de sus padres. Como Vivian relativamente cerca decidió ir dando un paseo, lo que no sabía es que volvería a ponerse a llover.
Martin: (la cubre con el paraguas) te estas empapando
Olimpia: ¿Qué haces aquí? ¿Me has estado siguiendo? ¿No serás un psicópata de esos?
Martin: ¿tengo pinta de psicópata?
Olimpia: bueno… por si a caso, mantengamos las distancias (anda deprisa y se aleja)
Martin: (corre tras ella) soy de fiar (vuelve a poner el paraguas sobre su cabeza) estaba en casa de un amigo, te vi por la ventana y me pareció que sería buena idea acompañarte, es tarde, solo es eso.
Olimpia: te agradezco el gesto pero se cuidarme yo solita
Martin: ¿Por qué eres tan terca?
Olimpia: a ver si te enteras de una vez, pero conmigo no tienes ninguna posibilidad, no se con quien sueles tratar, ni me interesa, pero yo no soy como ellas
Martin: cabezota…
Olimpia: ¿Qué has dicho?
Martin: que por mucho que intentes esconderte bajo esa coraza no lo vas a conseguir, a mi no me puedes engañar
Olimpia: gracias por el paraguas, pero ya no lo necesito, ha parado de llover… ahora si me disculpas…
Martin: claro…hasta mañana Olimpia (la besa en la mejilla)
Olimpia: (desconcertada) adiós… (Sonríe inconscientemente)
Martin mira como se aleja, Martin continúa andado y al girar la calle llama a la puerta
Sandra: ¿hija? ¡Hija! (la abraza) ¡Gonzalo ven aquí que ha venido la niña!
Olimpia: (sonríe) ya no tan niña
Sandra: para mí siempre serás mi pequeña
Olimpia ¿Cómo estas?
Sandra: ya me ves, vieja y chocha pero tan feliz como siempre ¿a que se debe tu visita? Hace mucho que no vienes por aquí
Olimpia: estoy muy ocupada mama…
Sandra: lo sé, ese colegio no te da más que quebraderos de cabeza, pero si es lo que te gusta hacer ya sabes que tienes mi apoyo
Olimpia: sabes que si, y no te preocupes que todo va bien, cada vez mejor
Sandra: se nota… esa sonrisa…
Olimpia: (se percata de que esta sonriendo y ríe) disculpa
Sandra: reírse no es malo hija, la falta de practica hace pensar que si, pero reírse es lo más maravilloso del mundo
Olimpia: (recuerda a Martin) mama… ¿puedo dormir aquí esta noche?
Sandra: claro que si mi vida, pasa… que en seguida te preparo una habitación (la toca al barriga) que poquito te queda ya (sonríe)
Olimpia: (suspira) eso parece…
Gonzalo: ¡hija! (la abraza) ¿Cómo no nos has avisado de que ibas a venir?
Olimpia: el piso se ha inundado y…
Gonzalo: no hace falta que des explicaciones, aquí siempre eres bienvenida.
Sandra le prepara algo de cenar a Olimpia y después todos se sientan en el sofá
Olimpia: papa… (Se acaricia la barriga) hay algo que debes saber
Gonzalo: sorpréndeme
Olimpia: es un niño… como siempre has querido, me lo han dicho esta mañana (sonríe)
Gonzalo: ¿voy a tener un nieto? Eso en maravilloso hija
Sandra: (entristece pero rápidamente oculta su tristeza con una sonrisa) enhorabuena, ya estarás contento tigreton…
Olimpia: (se percata) mama, he pensado que… tal vez sería buena idea llamarlo Carlos
Sandra: (sonríe y le coge las manos cariñosamente) no es necesario Olimpia… ya hubo un Carlos en esta familia y se fue… no va a volver. Pero este niño que tu llevas en tus entrañas si va a tener una vida… y no soy yo, sino su madre quien debe decidir su nombre… lo querré igual lo llames como lo llames
Olimpia: lo siento mama… no quería recordártelo de nuevo
Sandra: no tengas miedo a hablar de él… me gusta recordarlo pero sobre todo me gusta poder hablar contigo
Gonzalo: basta de sentimentalismos, tengo curiosidad, cuéntanos hija ¿Cómo lo llevas todo? ¿Qué opina el padre?
Sandra: Gonzalo no insistas…
Olimpia: soy madre soltera papa… ya te lo he dicho
Gonzalo: pero no entiendo porque no se lo puedes decir al padre, cuando nazca vas a necesitar ayuda
Sandra: para eso estamos nosotros Gonzalo, deja de incomodar a la niña
Olimpia: se que os resulta difícil de comprender, pero se lo que me hago. Bueno… dejemos de hablar de mi ¿Cómo esta Lena? ¿y Paula? Hace mucho que no nos vemos
Sandra: Lena sigue de gira con su marido
Gonzalo: ¿Quién nos iba a decir que se iba a hacer artista?
Olimpia: siempre fue la rebelde, casada a los 19 con Lucas por mucho que intentarás impedírselo papa
Gonzalo: rebelde o no hay que reconocer que canta estupendamente, no se de donde le habrá salido esa voz, de mi desde luego no
Olimpia: ¿y mis sobrinas? ¿También se los han llevado?
Sandra: si hija, si
Gonzalo: el mes que viene regresa a Madrid. Se me acaba de ocurrir una idea ¿Por qué no organizamos una comida familiar?
Sandra: eso suena muy bien, así podemos jugar con Alma y Susana
Gonzalo: que se venga también Marina… que la vi el otro día en el supermercado y estuvimos hablando de lo mucho que echábamos de menos a nuestras nietas
Olimpia: ¿ha vuelto a saber algo de Charlie?
Sandra: ¿Cómo sabes tú lo de Charlie?
Olimpia: por que siempre que la decía que se echará un novio, siempre decía que ya tenía uno
Gonzalo: nada desde la última vez… nadie ha sabido nada de él desde entonces, desapareció sin más
Olimpia. ¿y Paula? ¿Qué tal?
Sandra: con Benito… igualitos que la última vez que los viste.
Olimpia: ¿Cuándo piensan casarse?
Gonzalo: Nunca… ¿Qué pasa que aun no conoces a tu hermana?
Siguieron hablando hasta que miraron el reloj y descubrieron lo tarde que era. Al tumbarse en la cama Olimpia se sintió como cuando era una niña, Sandra fue a darle un beso de buenas noches y la arropo, ella se perdió entre las sabanas y se dio cuenta que en ningún sitio se sentía tan a gusto como con sus padres. Su carácter por unas cosas o por otras se había ido enfriando con los años y ya eran muy pocas las personas que la soportaban, muy pocas las que insistían en conocerla de verdad, como un día hizo Roque y como ahora lo intentaba Martin, sabía que no se lo estaba poniendo fácil, peor ella no era una mujer fácil.
Al día siguiente cuando Olimpia llego al colegio, al abrir la puerta de su despacho encontró a Martin sentado sobre la mesa
Olimpia: ¿Qué haces aquí? Mira que solo lleva dos días y ya me estoy planteando despedirte
Martin: no lo harás
Olimpia: no te confíes demasiado
Martin: se que no lo harás
Olimpia: no desvíes la pregunta, dime ¿Qué haces aquí?
Martin: te traigo un regalo
Olimpia: ya te he dicho que no soy como las demás ¿Qué crees que por cualquier tontuna que acabes de comprar en el chino me vas a conquistar?
Martin: algún día serás mía
Olimpia: ni lo sueñes… ¿no te has dado cuenta ya? Tú y yo no somos compatibles… ni si quiera nos soportamos
Martin: eso lo pensarás tú, a mi me encanta estar contigo
Olimpia: ¿me vas a dar lo que quiera que me vayas a dar de una vez?
Martin: ¿así que tienes curiosidad?
Olimpia: deja de hacer estúpidas preguntas y dame lo que quiera que tengas en mano ahora mismo sin nos quieres salir volando por la ventana
Martin: (ríe) tu en tu línea. Toma impaciente… (le entrega una llave enganchada en un colgante)
Olimpia: ¿una llave? ¿Para que se supone que necesito esto? ¿Así es como te ligas a tus citas?
Martin: calla y póntelo (se lo engancha en el cuello)
Olimpia: ¿Qué abre?
Martin: cuando te vea capaz de averiguarlo, lo descubrirás por ti misma
Olimpia: ¿eso es todo?
Martin: no… yo ya te he dado mi regalo, ahora necesito… llamémoslo tu ayuda
Olimpia: ¿Qué quieres?
Martin: que aceptes quedar conmigo el sábado, necesito a alguien que me acompañe a un sitio
Olimpia: ¿me estas pidiendo una cita?
Martin: no… es algo informal
Olimpia: ¿el que?
Martin: una tontería ¿me ayudarás?
Olimpia: me lo pensaré
Martin: (sonríe) de momento me basta
Olimpia: (sonríe) y ahora vete… tengo que mantener un colegio
Martin entra en la sala de profesores, Clara y Roque hablan
Clara: bueno yo ya me marcho
Roque: adiós
Clara: adiós Roque
Martin: así que tu eres Roque…
Roque: si, ¿tu eres el nuevo no?
Martin: si… ¿puedo preguntarte algo?
Roque: claro…
Martin: he oído que estuviste con Olimpia
Roque: no es ningún mounstro, cuando se serena es muy agradable
Martin: lo sé… parece un mujer muy especial
Roque: lo es
Martin: ¿Por qué lo dejasteis?
Roque: cosas que pasan…
Martin: ya… bueno, acepto que os dejarais de querer ¿pero dejarla tirada en medio del embarazo no te parece un poco cobarde?
Roque: me encantaría ayudarla pero no se deja, desde el primer momento nos dejo muy claro a Félix y a mi que ese niño solo era suyo
Martin: es cabezota como ella sola
Roque: no lo sabes tu bien
Pasaron los días y Martin intento más de una vez acercarse a Olimpia, no se cansaba de que le rechazará, de que le humillara, no se cansaba de oírla insultarle, es más le gustaba como sonaban los insulto en su boca. El viernes Olimpia accedió a que este la acompañara a casa
Olimpia: bueno pues ya estoy aquí… muchas gracias
Martin: ¿te has pensado ya lo de mañana?
Olimpia: Martin… no se si es buena idea…
Martin: (una vez más se aproxima a ella y la da un beso en la mejilla) te recojo a la 13:00
Olimpia: espera…
Martin: ponte guapa
Olimpia: ¿pero a donde vamos a ir?
Martin: ya lo verás…
Olimpia. No te aseguro nada
Pero Martin ya se había ido y al día siguiente apareció por allí a la 13:00 con un traje recién estrenado, corbata morada y bien peinado. Llamo al timbre
Olimpia abrió en vaqueros, con una camiseta de hombreras roja y el pelo recogió en una coleta.
Olimpia: esta bien… iré, peor me debes una… ¿así voy bien?
Martin: suéltate el pelo, me encanta tu pelo…
Olimpia: (le obedece) ¿Dónde vamos?
Martin: shh… calla y monta al coche
Llegaron a una iglesia, había un montón de gente, vestida de manera muy elegante
Olimpia: me da que hemos venido en mal día, las calles están llenas de personas, me da que hay una boda
Hugo: ¡Martin! ¡Hermanito! (lo abraza) ya creía que no venias
Martin: me retrase un poco pero ya estoy… te presento a mi
Olimpia: amiga…
Hugo: amiga… eh pillín, encantado guapa… yo soy Hugo, su hermano. Martin no me había dicho nada de que vendrías a la boda
Olimpia: ¿a que te casas?
Hugo: (mira a Martin)
Martin: (ríe) es una bromista
Hugo: (ríe) ya lo veo. Bueno pues que os lo paséis bien, yo voy a saludar al los invitados
Olimpia: ¿una boda? ¡Te mato! ¿Por qué no me has dicho nada?
Martin: ¿si te lo hubiera dicho hubieses venido? Pues ya esta
Olimpia: me voy… ¿Cómo voy a quedarme con estas pintas?
Martin: estas preciosa, pero… anda ven (abre el maletero) si te sientes más agosto, ponte esto.(le enseña un vestido rojo palabra de honor a conjunto con unos tacones) los he comprado para ti
Olimpia: es muy bonito… pero aun no me explico que hago aquí
Martin: mi hermano pequeño se casa y yo hace mucho que no tengo novia, mi familia me agobia, me hacia ilusión venir acompañado de alguien tan especial como tú. Por favor… quédate
Olimpia: Martin…
Martin: te invito a cenar…
Olimpia: pero que morro tienes…
Martin: (la besa en la mejilla) ya verás como al final te lo pasas bien
Olimpia: que sea la ultima vez que me haces esto (le besa en la mejilla) voy a ponerme el traje
Se mete en el coche y se cambia de ropa
Martin: estas… me he quedado sin palabras
Olimpia: (sonríe) gracias
Martin: ven… quiero presentarte a mi madre… voy a presumir de amiga
Martin la lleva hasta su madre
Martin: hola mama, te presento a Olimpia
Sol: encantada, yo soy Sol (se dan dos besos) ¿Cómo estas hijo?
Martin: muy bien mama
Sol: a ver cuando te veo a ti en el altar…
Olimpia: a su tiempo señora, ya llegará, no le presiones
Martin: (ríe) ella es así…
Olimpia se queda pensativa, esa mujer le suena demasiado… Pasan el día hablando, conociendo a su familia e incluso por la noche Olimpia se arranca a bailar
Martin: no sabia que bailaras tan bien.
Olimpia: hay muchas cosas que no sabes de mi… iba a baile de pequeña, salí bailando en el primer videoclip de mi hermana
Martin: ¿canta?
Olimpia: te suena… (Canta) eres todo… no soy nada
Martin: ¿Lena? ¿Tu hermana es Lena? Me encanta su voz
Olimpia: tiene talento
Martin: vale… entonces… ¿eres hija de una famosa escritora no?
Olimpia: si...
Martin: leí el libro que escribió tras salir de la cárcel, fue muy injusto que la tuvieran presa
Olimpia: esos tema ya son tabú en mi casa, así que mejor no me preguntes. Mi libro preferido es el que le escribió a mi hermana, Mi suerte se llama Lena… es precioso
Martin: lo leeré… ¿a ti no te escribió ninguno?
Olimpia: si… pero aun no me lo ha enseñado, mi madre es así, puede guardar escritos durante años y un día sorprenderte con ellos
Martin: (sonríe) quieras que no parece que ya se algo más de mi
Olimpia: no te ilusiones… aun te queda mucho
Cuando vuelven a casa Martin se acerca al oído de Olimpia
Martin: (susurra) ya te queda menos para usar tu llave
Olimpia: (sonríe) debo confesar que al final me lo he pasado bien
Martin: yo también, hace mucho que no lo pasaba tan bien
Olimpia: (le besa en los labios suavemente) lo siento, no he debido… no tenia que haber pasado
Martin: (la acaricia) no tengas miedo…
Olimpia: ¿quieres quedarte a dormir? Es tarde y no me apetece estar sola, las hormonas me tienen un poco sensible
Martin: claro…
Olimpia: dormir… solo dormir
Martin entro en su casa, se tumbaron el sofá a ver una película hasta que se quedaron dormidos abrazados
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario